La social democracia como “nueva bancada”: ¿Tiene con qué?

La social democracia como “nueva bancada”: ¿Tiene con qué?

Las tensiones con el gobierno Duque, el interés de proteger los Acuerdos de paz de La Habana y el rechazo al referendo propuesto por el uribismo (para derogar la JEP y crear una sola Corte), han dado origen a una nueva bancada “suprapartidista” en el Congreso: los “liberales socialdemócratas”. Estaría integrada por miembros del Partido de la U, Cambio Radical y el Partido Liberal, distanciados de la dirigencia en sus respectivas colectividades, a quienes acusan de perder la identidad, sobre todo en términos de coherencia ideológica. Entre los senadores que participarían en este nuevo proyecto político se destacan Roy Barreras, Luis Fernando Velasco, Temístocles Ortega y Rodrigo Lara entre otros. El primero en particular se ha ubicado como un líder de la propuesta al anunciar su retiro del partido de la U, junto con su aspiración presidencial y un referendo para revocar el presidente.

Si bien algunos son críticos con la movida de Barreras por considerar que sirve sobre todo de base de lanzamiento para su candidatura presidencial (suposición ahora más fundamentada con el aval que le entregó el partido ADA), cabe considerar cuál sería el alcance de un nuevo movimiento, impulsado por estas figuras políticas. Ahora bien, aunque la capacidad electoral de este movimiento se definiría hasta las próximas elecciones del 2022, basándose en los resultados electorales de 2018 obtenidos por varios congresistas que estarían en la bancada “LSD”, se puede estimar si pasarían el umbral para obtener curules.

En las elecciones del 2018 los senadores que “suenan” como parte de la bancada socialdemócrata, alcanzaron los siguientes resultados: Roy Barreras, 112.695 votos; Armando Benedetti, 78.887; Rodrigo Lara, 89.350; Temístocles Ortega, 64.803 votos; Horacio José Serpa, 93.699; Luis Fernando Velasco, 75.273; y Guillermo García Realpe, 66.011. Lo anterior resulta en un total de 580.718 votos, lo cual supera el umbral, que para los comicios del Senado en 2018 fue de 456.357. Si además utilizamos la cifra repartidora definida en la pasada elección (131.683,94) para este ejercicio de aproximación, al movimiento surgido de esta bancada le corresponderían 4 curules en Senado. Estas cuentas no tendrían en consideración a varios posibles nuevos integrantes del movimiento, los cuales podrían contribuir al aumento de su caudal electoral. No obstante, es preciso recordar que los congresistas llamados a integrar un nuevo movimiento y aspirar a cargos de elección popular deberán retirarse un año antes, con el fin de no incurrir en una doble militancia.

Analizando la distribución de las votaciones de las pasadas elecciones, se identifican algunos votos concentrados al sur oriente, correspondientes sobre todo a los patrones electorales de los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti, en zonas que podrían estar influenciadas por temáticas de las que ambos se han ocupado: preocupaciones sobre los acuerdos de paz, presencia de minorías étnicas y el desarrollo de las regiones. Así mismo, en el sur occidente del país, se destaca el liderazgo de Luis Fernando Velasco, Temístocles Ortega y Guillermo García Realpe, quienes han ocupado cargos de elección popular tanto en el Cauca como en Nariño. Otras regiones como Santander y Huila también se destacan por el aporte de votantes para personajes como Horacio José Serpa, en el primer caso, y Rodrigo Lara en el segundo, en gran medida por el legado político de sus padres. Esta repartición territorial no se ve muy favorable en la medida en que varias figuras de la bancada aparecen más como competidores que como complementarios en el ámbito electoral, sobre todo en el suroccidente del país.

Estos lugares serían vitales para el movimiento si es que planean participar en las próximas elecciones legislativas, pero aún les queda mucho terreno por ganar. Tienen todavía escasa presencia en las grandes ciudades, les falta llegar a las costas y al centro del país, a pesar de que este último ha mostrado generalmente un comportamiento más conservador. Resta todavía una importante partida hasta el 2022, en la que habría que ver cómo juegan las fuerzas políticas más cercanas al centro, lo que queda del “santismo” y otras personalidades disidentes de los partidos tradicionales, que cada vez parecen apostarle más a consolidarse como una alternativa de oposición frente al “uribismo”.

El ejercicio no deja de ser especulativo. Nada dice que los actuales senadores obtendrían los mismos resultados en 2022, y la apuesta de ellos es que este nuevo posicionamiento, ideológicamente más llamativo, les traería más votos, en particular en el ámbito urbano. Sería algo necesario ya que el caudal de 2018 no les alcanzaría para renovar todas las actuales curules. Esto nos recuerda que la creación de un nuevo partido no es asunto fácil, no solo por el obstáculo legal que implica el tema de la doble militancia sino porque nuestro sistema electoral está pensado para favorecer partidos grandes (con el umbral y el sistema d’Hondt), un punto que los políticos tienen que guardar en mente en época en que suenan proyectos nuevos de escisiones, disidencias y nuevos partidos.

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