Federico Gutiérrez no pudo revertir el desprestigio de la derecha y tiene que inclinarse en primera vuelta, dejando que Rodolfo Hernández enfrente a Gustavo Petro en la segunda. La derrota de Gutiérrez que logra apenas 24% contra 39% a Duque hace cuatro años se explica por su dificultad a atraer el voto de derecha más allá de su departamento de Antioquia. Por supuesto, pierde Santander y los alrededores a mano de Hernández, pero los resultados también están limitados en el eje cafetero o el gran Tolima. Estas limitaciones geográficas explican que Gutiérrez no logre reconstruir lo que fue la fortaleza electoral de Duque en el centro del país. La correlación con el voto de derecha de hace cuatro años es apenas de 0,29 (contra 0,62 para Hernández como vimos).
El mapa de diferencia contra Duque confirma todo eso. El voto de Gutiérrez no logra recuperar el voto de derecha de la cordillera oriental. Solo resiste en las ciudades grandes como Bogotá, mientras las zonas rurales se pasan a Rodolfo. En cambio, es interesante notar que Gutiérrez progresa en el departamento del Atlántico con respecto a Duque en 2018, una zona que habrá que mirar con cuidado en la segunda vuelta.
Rodolfo Hernández consigue su calificación en segunda vuelta atrayendo a su candidatura los votos del centro del país, particularmente las zonas rurales, que habían dado la victoria a Iván Duque en 2018. Sin sorpresa, su departamento de Santander donde logra una hegemonía de hasta 75% en las zonas rurales es su principal bastión. De ahí, irradia hacia Norte de Santander al norte, los Llanos al oriente y el altiplano Cundiboyacense al sur. Con todo, no logra en esta primera vuelta reconstituir todo el centro geográfico conservador contra la izquierda, por la competencia de Federico Gutiérrez en Antioquia y el eje Cafetero. El ingeniero tendrá ahora el desafío de ir a dar la batalla contra Gustavo Petro en sus bastiones de las dos costas y del sur donde su presencia fue limitada.
Vale la pena señalar que, a pesar de su postura independiente y anti-política, Rodolfo es electoralmente el candidato de la derecha desde esta primera vuelta. El patrón geográfico de su voto está conectado con el de Duque en 2018 (correlación de 0,62) mucho más que con la de Fajardo (correlación de apenas 0,29) que podríamos pensar que desplaza como candidato del centro. En realidad, esto se debe a la buena adhesión del voto rural a la candidatura de Hernández.
Así, el mapa de diferencias nos muestra muy bien por donde Hernández tiene que crecer en segunda vuelta. Si supera a Duque en su bastión de Santander y alrededor de él, tiene que dirigir los esfuerzos a Antioquia y al interior de la costa donde Federico Gutiérrez siguió representando la derecha en esta oportunidad.
Aunque parezca pírrica de cara a una segunda vuelta que se anuncia difícil para Gustavo Petro, no hay que subestimar la victoria de la izquierda que pasó en 4 años de 25% a 40%. Como en 2018, Petro consigue sus votos en las grandes ciudades y en las regiones de la periferia geográfica, es decir, las dos costas y el sur del país. Además, una mirada más atenta muestra que La dupla Petro-Márquez suele tener mejores resultados en las ciudades capitales que en las zonas rurales de los departamentos.
Si comparamos con hace 4 años, uno se da cuenta que Petro crece sobre todo en las zonas donde ya estaba fuerte, es decir, se profundiza el desfase entre centro y periferia. La izquierda es particularmente hegemónica en la zona Pacífica y el suroccidente, quizás gracias al refuerzo de Francia Márquez. Los mayores crecimientos se dan en Cali y las ciudades importantes del Valle, Pasto, y Manizales.
Vale la pena señalar sin embargo un buen crecimiento en Antioquia y el eje cafetero, donde la izquierda trató de revertir sus debilidades en el centro del país. Finalmente, a parte de algunos pequeños municipios sueltos, Santander es el único departamento donde Petro no crece, lo que se explica por la fuerte movilización del mismo a favor de Hernández. Sin embargo, las pérdidas se limitan al mundo rural.
La simultaneidad de las elecciones legislativas y del voto de las consultas presidenciales en Colombia suscitó muchos comentarios sobre la “presidencialización” de las elecciones al congreso, o a la inversa, sobre la intromisión de las maquinarias de los congresistas en las peleas de las consultas. Estos procesos de hibridación son muy interesantes y ofrecen recursos nuevos a los políticos que conviene analizar cuidadosamente. No obstante, es preciso recordar siempre como punto de partida que la lógica del voto presidencial y la del voto legislativa son muy distintas. No son siempre los mismos electores que votan en ambas elecciones, y aun cuando lo son, no hay que asumir siempre una coherencia entre los dos escenarios, por ejemplo, con base en las etiquetas partidistas.
Proponemos acá un pequeño ejercicio al respecto mapeando para las tres coaliciones la diferencia entre el voto a la consulta (el porcentaje de participación sobre el voto válido) y el voto de la coalición al Senado de la República. Para el Pacto Histórico, hemos hecho la comparación con la suma entre el porcentaje de la lista del Pacto y de Fuerza Ciudadana; para el Equipo Colombia, hemos sumado el voto del Partido Conservador, la U y la coalición MIRA-Colombia Justa Libres que son las tres organizaciones que aparecen oficialmente sobre el tarjetón; finalmente, para el Centro Esperanza, hemos tomado en cuenta el voto de la lista de la coalición y del Nuevo Liberalismo.
Diferencia entre el voto a la consulta y el voto legislativo del Pacto Histórico
La diferencia entre el “voto presidencial” y el “voto legislativo” del Pacto es probablemente la más interesante porque muestra inclinaciones en lados distintos en función de los lugares. En las dos costas hay voto presidencial sin voto legislativo, es decir, hay una proporción importante del electorado que vota por la izquierda en las elecciones presidenciales (y en la consulta) sin que eso se traduzca en voto para los partidos de izquierda en las legislativas. El fenómeno no es nuevo y no se relaciona solo con el hecho de que Gustavo Petro goza de una simpatía en la costa por sus orígenes que no corresponden a un voto de izquierda. Es en realidad algo que ya se podía constatar cuando el candidato de la izquierda era Carlos Gaviria, hace 15 años. Se explica en realidad por la ausencia de líderes locales de izquierda con fuerza electoral. La excepción es el departamento del Magdalena gracias al empuje de Fuerza Ciudadana, partido del Gobernador Caicedo. En otras partes, los costeños (sobre todo del interior) y la gente del Pacífico no ven contradicciones en votar por la izquierda a la presidencial y por los partidos tradicionales en las elecciones legislativas. Ahí, la estrategia de presidencializar la elección solo funcionó de manera limitada en Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.
En cambio, las listas de izquierda al Senado recogieron más votos que la consulta en el centro del país y las grandes ciudades (especialmente Bogotá, Cali y Medellín). De hecho, conviene recordar que la diferencia está subestimada ya que usamos el dato del preconteo que subestima el voto de la lista del Pacto. Esto significa que ahí, Petro tiene márgenes para crecer de aquí a la primera vuelta.
Diferencia entre el voto a la consulta y el voto legislativo del Equipo Colombia
Por su parte, el Equipo Colombia recibió mucho menos votos en la consulta que los partidos que avalaron candidatos de la misma sumados para el Congreso. Ahí, lo interesante son los ausentes y las excepciones. Los ausentes, Centro Democrático y Cambio Radical, que no apoyaron oficialmente a un candidato de la consulta, sí pesaron claramente en la participación a la misma y en los resultados. Federico Gutiérrez debe probablemente en buena parte su victoria a Centro Democrático en Medellín y su región, probablemente en los llanos y en menor medida en Bogotá. Por su parte, los congresistas de Cambio Radical apoyaron a Char en Atlántico y el interior del Magdalena, pero no mucho más en otras partes de la costa Caribe. Del resto, Gutiérrez tiene el desafío de activar mucho voto de derecha en todo el país que no participó en la consulta, pero que responde a muchos congresistas distintos de organizaciones distintas, que siempre tienen dificultad a endosar “sus” votos en otras elecciones.
Diferencia entre el voto a la consulta y el voto legislativo del Centro Esperanza
Finalmente, el Centro Esperanza logró una participación a la consulta superior al voto de las listas únicamente en zonas rurales o de pueblos de Boyacá y el norte de Cundinamarca, gracias a las redes de apoyo de Carlos Amaya. Del resto, Fajardo tendrá que movilizar los votos de sus congresistas aliados en Antioquia, Caldas y Santander en particular. Llama la atención el caso de Bogotá donde el fuerte voto por la coalición Centro Esperanza y el Nuevo Liberalismo al Congreso tendría que habar desembocado sobre una mayor participación en la consulta. El candidato del centro deberá empezar por volver a entusiasmar este fortín que lo había apoyado en 2018.
La consulta del centro decepcionó por una participación demasiado limitada. Fueron cerca de 2,3 millones de ciudadanos los que votaron la consulta, lejos de los más de 4 millones de la derecha y casi 6 millones de la izquierda.
% de participación a la consulta del Centro Esperanza por municipio
Geográficamente, esta falta de participación se lee en un mapa que limita el poder de convocatoria de los líderes de la coalición al altiplano cundi-boyacense. Es fundamentalmente Bogotá que pone los votos de la consulta. Cerca de 11,5% de los capitalinos participaron en el proceso, más que los 9,5% a favor del Equipo Colombia, pero mucho menos que los 20% a favor del Pacto Histórico. Del resto, los votos de la consulta se ubican por encima de 10% en Boyacá, halados por la candidatura del ex Gobernador Carlos Amaya, y entre 5 y 10% en Cundinamarca. Las otras capitales del centro del país (Medellín, Cali, las ciudades del eje cafetero, Ibagué, Neiva, Villavicencio y Cúcuta) también ponen su cuota de 5 a 10% de sus votantes, pero en el resto del país, la convocatoria estuvo casi nula.
Repartición del voto y número de votos válidos por municipio en la consulta del Centro Esperanza
Si miramos el patrón geográfico de la repartición de voto entre candidatos, constatamos que al contrario de lo que sucedió con la consulta de la derecha, la del centro muestra resultados relativamente parejos en todas las grandes ciudades. La excepción es Amaya, quien como vimos, tiene sus votos bien concentrados en Boyacá y a Bogotá. A parte de eso, Fajardo gana en casi todas las ciudades con voto relevante, aunque con márgenes distintos: más grandes en Medellín y Cúcuta, más apretado frente a Galán en Bogotá. A este último, le faltó convocar más participación en sus plazas fuertes como Bucaramanga, para poder quitarle la victoria a Fajardo. Por su parte, Gaviria recibe un apoyo importante en las capitales más grandes como Medellín, Bogotá y Cali, pero que tiende a disminuir rápidamente con el tamaño del municipio.
Con estos resultados, el gran desafío para Sergio Fajardo de cara a la primera vuelta será trascender los límites del voto urbano del centro del país. Cómo para su candidatura en 2018, este encierro geográfico limita demasiado los alcances de su candidatura.