El éxito de la Gran Consulta 

La buena participación en la Gran Consulta por Colombia, constituyó una de las mayores sorpresas del 8 de marzo. Con casi 6 millones de votos, y más de 3 para Paloma Valencia, se compara al nivel logrado por la consulta del Pacto Histórico hace cuatro años. Esto se debió a tres factores: primero, su capacidad para concentrar el voto de la centroderecha y la derecha; segundo, la magnitud de sus resultados, pues fue, con gran margen, la consulta más votada; y tercero, el arrastre de Centro Democrática a favor de Paloma Valencia y el surgimiento de Juan Daniel Oviedo como una figura política capaz de superar a candidatos con mayor trayectoria, como Juan Manuel Galán, Enrique Peñalosa, Aníbal Gaviria, e incluso a Claudia López y Roy Barreras, quienes encabezaban las otras dos consultas. 

El análisis del primer mapa confirma que la Gran Consulta concentró la mayor parte de la participación total. En ciudades como Bogotá y Medellín la participación alcanzó cerca del 30% del censo electoral y el 25% del censo votó por esta consulta. Esta tendencia se acentúa en bastiones tradicionales de la derecha, como Antioquia, donde se ubican los municipios con mayor participación: El Retiro (43,8% del censo), Rionegro (34,9%), Envigado (34,7%) y Sabaneta (34,1%). En Cundinamarca, el segundo bastión en importancia, municipios como Cajicá registraron una participación del 30,3% en la consulta. 

Esta concentración del votos en estos ddeártamentos se hace más evidente a medida que nos alejamos del centro del país. Solo algunas capitales como Valledupar, Yopal o Santa Marta parecen superar una participación del 15%. Es valioso recalcar que estos bajos porcentajes también son resultado de una baja participación general en las consultas, pues la Alianza por La Vida solo consigue superar a la Gran Consulta en pocos municipios del Chocó y la Consulta de las soluciones no gana en ningún caso.  

Porcentaje de participación a la Gran Consulta sobre el total de electores inscritos

Con este panorama claro, es relevante revisar los resultados de los dos candidatos con mayor votación, Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.  

Porcentajes de votos a favor de Paloma Valencia sobre el total de electores inscritos

La primera concentra su votación en regiones de tradición del Centro Democrático y que siguen una estructura muy similar a la consulta en su conjunto. Es decir, el voto de Valencia se concentra mayoritariamente en Antioquia, y la cordillera oriental y los Llanos. En estos departamentos el porcentaje de los votos por Valencia llega a superar 25% en algunos municipios como el Retiro, Antioquia el 35%. Es notable la mejora en Santander y Boyacá, departamentos en el que el uribismo sufrió la competencia de Rodolfo Hernández en 2022. 

Valencia obtiene igualmente algo de voto en zonas más adversas como Bogotá y las ciudades de la costa Caribe. Aunque no obtiene allí la mayoría, logra una base en capitales como Barranquilla, Santa Marta y Valledupar, lo que podría ser relevante de cara a una primera vuelta presidencial frente a De la Espriella quien tiene su fortín en la costa Caribe. Sin embargo, zonas más alejadas del centro del país, como el Cauca (de donde es oriunda) o Putumayo y Chocó, siguen siendo poco favorables para la candidata del Centro Democrático. 

Oviedo, por su parte, presenta un patrón mucho más concentrado en Bogotá y su zona periurbana, así como en las ciudades de Boyacá. Alcanza porcentajes de participación del 8% en Tunja y del 9% en Bogotá. Pese a ello, este desempeño le permitió obtener la segunda votación más alta de su consulta, evidenciando el peso de las áreas urbanas en las consultas. 

Porcentajes de votos a favor de Juan Daniel Oviedo sobre el total de electores inscritos

Estos resultados evidencian el ya tradicional clivaje centro-periferia en la votación de la consulta de derecha. Mientras los candidatos capturan con relativa facilidad el voto de la región andina y las grandes ciudades, enfrentan desafíos significativos para penetrar en las periferias.  Estas condiciones plantean interrogantes sobre la capacidad de estos liderazgos para construir mayorías nacionales de cara a la primera vuelta presidencial. En todo caso, la unión de ambos candidatos complementa bastante bien su votación inicial, y puede dejarlos tranquilos para ir a buscar estos votos más adversos.  

La participación en la consulta de marzo 2026

Nuestros primeros mapas para este ciclo electoral de 2026 serán los de la consulta presidencial, hechos con los resultados provisionales del preconteo.

Las tres consultas sumadas esta vez en un tarjetón único suscitaron dudas hasta el último momento por la ausencia de los candidatos más destacados en las encuestas: Iván Cepeda, Abelardo De la Espriella, y Sergio Fajardo. Algunas voces cercanas a estas campañas llamaron incluso a no votar en la consulta, empezando por el mismo Presidente de la República. El día de la elección, las polémicas más recurrentes en los puestos de votación eran si los jurados debían proponer el tarjetón de la consulta o esperar a que los electores lo pidieran.

Con todo, la consulta sumó una participación nada desdeñable. En este análisis, nos mantendremos en una visión conservadora contabilizando únicamente los votos válidos a la consulta, sin los votos nulos o no marcados que pueden ser furto de una participación inducida pero no realmente deseada. La cuenta nos da una participación de 7.072.078 votos, que representan 17,13% de los electores habilitados para votar. Sabiendo que la participación a la elección del Senado fue de 50,62% (siempre según los datos del preconteo, habrá que esperar el escrutinio para tener el dato definitivo que puede variar un poco), un elector de tres depositó un voto válido a la consulta el pasado domingo. Este resultado no puede ser pasado por alto, y redefine la oferta política de cara a la primera vuelta.

Sin embargo, dos electores de tres se mantuvieron alejados de la consulta, sea porque están decididos a favor de uno de los que no participaron, sea porque no están convencidos ni por los candidatos de la consulta, ni por los otros. Desde este punto de vista, conviene tener mucho cuidado a la hora de extrapolar los resultados de la consulta al escenario de la primera vuelta. Los que participaron en la consulta no son representativos de todo el país.

Porcentaje de participación a la consulta (votos válidos sobre inscritos)

Los que participaron en la consulta son sobre todo electores urbanos, y del centro del país. Bogotá y Medellín aportan por sí solas más de 2 millones de votos, pasando los 25% de participación, e incluso el tercio en algunos de sus municipios periurbanos como Chía y Cajicá para la primera y Rionegro y Envigado para la segunda. Se destacan también Tunja, Manizales y Villavicencio.

En cambio, Cali y las grandes ciudades de la costa Caribe mantuvieron una participación más discreta, y el mundo rural casi no voto la consulta fuera de la cordillera oriental, Antioquia, el Eje cafetero, y el piedemonte llanero.

Podemos ver en este resultado una mayor adhesión a la candidatura de Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella en el Caribe, y del primero en el sur-occidente. Sin embargo, podemos también anotar que la participación en las elecciones legislativas en las zonas más alejadas del centro geográfico del país está desfasada con respecto a la elección presidencial que no suscita tanta participación como en las grandes ciudades o las zonas centrales. En este sentido, es esperable encontrar ahí electores que participan en la elección legislativa pero que no participarán en la presidencial.

Para los ganadores de la consulta, en particular Paloma Valencia, hay medio país por convencer en estas regiones.

La Unidad Nacional y el Plebiscito: ¿falló la maquinaria?

Las votaciones del pasado 2 de octubre dejaron entrever que las mayorías parlamentarias de las que ha gozado el Gobierno Nacional desde el inicio de su mandato, no representan una verdadera capacidad de movilización electoral, y en este sentido, la principal bandera de la administración y de la Unidad Nacional (entendida exclusivamente como los Partido de la U, Cambio Radical y el Partido Liberal), la paz, sufrió las consecuencias de un gobierno que ha sido muy hábil para cultivar aliados políticos, y muy torpe para generar respaldo ciudadano.

Mapa 1. Porcentaje por municipio del SÍ en el plebiscito 2016. Diseño: ORP con base en datos de la Registraduría Nacional
Mapa 2. Porcentaje de votos, Unidad Nacional por municipio, legislativas 2014. Diseño: ORP con base en datos de la Registraduría Nacional

 

Dicho fenómeno se puede comprobar empíricamente cuando se analiza el coeficiente de variación que se produjo entre la votación de los partidos de la Unidad Nacional en la elección del Senado de 2014 (mapa 1), y los resultados del SÍ en el plebiscito por la paz de 2016 (mapa 2). Al hacer una representación cartográfica del coeficiente (mapa 3), se observa que sólo una fracción de los municipios mantuvo un comportamiento electoral consistente durante los dos procesos (en color amarillo), mientras que en la mayoría de los casos se observan grandes variaciones positiva (rojo) y negativas (azul).

En este caso es fundamental tener en cuenta que el desempeño de los partidos de gobierno en 2014 no fue igual en todo el territorio. Al vincular las dos elecciones, se esperaría que en los lugares donde la Unidad Nacional obtuvo resultados electorales favorables en la elección al Senado, el coeficiente se mantuviera estable o que eventualmente fuera positivo, debido al trabajo que los parlamentarios hicieron para que sus electores apoyaran el plebiscito.

Mapa 3. Unidad Nacional, coeficiente de variación votaciones Senado 2014 / Plebiscito 2016. Diseño: ORP con base en datos de la Registraduría Nacional

Sin embargo, dicha relación estable o positiva no sólo no se presenta uniformemente, sino que el coeficiente de variación resulta negativo en varias de las regiones donde la Unidad Nacional fue electoralmente fuerte. En estas zonas (azul en el mapa), el sí obtuvo menos votos que la coalición hace dos años, por lo cual, podemos concluir que falló la maquinaria. Por lo demás, muchas de las zonas del país en donde el sí mostró un desempeño superior a la coalición (en rojo en el mapa), particularmente el sur, son regiones en las cuales ésta se encuentra particularmente débil, lo que sugiere que el sí tuvo otros motores que la coalición.

El fracaso más notorio de la Unidad Nacional estuvo en la Costa Caribe, donde el coeficiente de variación demuestra que el apoyo electoral a los partidos de gobierno no se convirtió en un respaldo de los votantes al plebiscito. Lo anterior ha llamado la atención de los medios de comunicación, que han seguido con mucha atención lo que parece ser un esfuerzo insuficiente de los congresistas de la costa a favor de la refrendación de los acuerdos de paz.

Sin embargo, ésta no fue la única zona del país donde las mayorías parlamentarias no significaron respaldo electoral. En otros departamentos como Meta, Santander, Norte de Santander, Quindío y Tolima, los votos no llegaron a las urnas, o se fueron para el NO. A continuación presentamos un análisis, por partido, con algunos de los congresistas que, en regiones diferentes a la Costa Caribe, tampoco pudieron lograr que sus electores le caminaran a la paz.

Partido de la U

Aunque gran parte de los fortines electorales del Partido de la U se encuentran en la costa caribe y pacífica, donde el problema estuvo en la baja participación y no en un bajo apoyo al SÍ, en la zona oriental del país, muchos de los votos que el partido logró en la elección del Congreso, no aparecieron en las urnas, o se fueron para el NO.

Mapa 4. http://i2.wp.com/www.procesoselectorales.org/wp-content/uploads/2015/06/Maritza-Martinez-Aristizabal.png

Tal es el caso de los votos de la senadora Maritza Martínez (mapa 4), cuyo nicho electoral se encuentra principalmente en el Meta. En este departamento el NO ganó con relativa facilidad, obtuvo el 63,58% de los votos, frente a un 36,41% del SÍ. En este caso, por ejemplo, en Villavicencio, Acacias y Granada, fortines electorales de la senadora de la U, el NO estuvo siempre por encima del 50%, alcanzando en el caso de Acacias el 72%.

Mapa 5. http://i2.wp.com/www.procesoselectorales.org/wp-content/uploads/2015/06/Manuel-Guillermo-Mora1.png

Una situación similar se presenta con el senador Manuel Guillermo Mora (mapa 5), quien tiene sus principales centros de votación en el sur del departamento de Santander. En esta zona, el NO ganó por amplia ventaja en Cúcuta, Cucutilla y Los Patios, lugares de mayor votación para Mora Jaramillo en 2014. En este sentido, en el caso de la U, no fueron únicamente los parlamentarios de la costa los que no quisieron o no pudieron cumplirle al Presidente asegurando una participación masiva en favor del SÍ en sus zonas de influencia.

Partido Liberal

En el caso del liberalismo el eje que conforman Santander y Norte de Santander fue crucial, puesto que a pesar de haberle valido una silla en el Senado de la República a parlamentarios como Horario Serpa, Andrés Cristo y Jorge Enrique Duran, al final ese apoyo electoral a los congresistas del Partido Liberal no se vio reflejado en un beneficio real para el Gobierno Nacional en las pasadas votaciones del 2 de octubre. En este sentido, el balance electoral permite ver que en los municipios donde obtuvieron grandes votaciones estos senadores, el No se impuso.

Mapa 6. http://www.procesoselectorales.org/wp-content/uploads/2015/05/Andres-Cristo.png

El caso de Andrés Cristo (mapa 6), hermano del Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, es más notorio, puesto que el congresista obtuvo sus votos casi por completo en la parte sur del departamento de Norte de Santander, y en dicha zona el NO predominó. En el municipio de El Carmen, donde Cristo obtuvo más del 50% de los votos válidos en la elección al Congreso, el SÍ apenas superó por una diferencia mínima al NO, mientras que en Cúcuta, los Patios, Puerto Santander y Salazar se rechazaron los acuerdos de La Habana por una mayoría importante de los ciudadanos.

Mapa 7. http://i2.wp.com/www.procesoselectorales.org/wp-content/uploads/2015/05/Rodrigo-Villalba-Mosquera1.png

Situación similar, pero en una región diferente, es la que evidencia el senador Rodrigo Villalba (mapa 7). En este caso, en el departamento de Huila, la victoria del NO fue notoria con el 60,77% de los votos. Y en las zonas donde el parlamentario tiene mayor respaldo electoral, salvo el caso de Algeciras donde el SÍ ganó por un margen muy estrecho, el resto de los centros de votación de Villalba se inclinaron por NO, en Neiva, Pitalito y Rivera.

Partido Cambio Radical             

En Cambio Radical los que no cumplieron con la tarea provienen en su mayoría de la costa caribe, y de congresistas como Antonio Guerra o Arturo Char, otras zonas donde el partido es fuerte tampoco cumplieron con las expectativas del Ejecutivo. Existen casos interesantes, como el de Bernabé Celis, Rosmery Martínez y German Varón.

Mapa 8. http://i2.wp.com/www.procesoselectorales.org/wp-content/uploads/2015/07/Bernabe-Celis.png

En el caso del primero, nuevamente se presenta la incapacidad de los senadores de la Unidad Nacional, en general, para respaldar los acuerdos de La Habana en Santander. Al igual que sucedió con los liberales, en los municipios donde el senador Celis (mapa 8) obtuvo la mayoría de sus votos (Bucaramanga, Curiti y Guadalupe), la mayor parte de los votantes respaldaron el NO, únicamente en Barrancabermeja la victoria fue para el SI por una diferencia mínima. Aquí se confirma que los diferentes congresistas de la Unidad Nacional fueron incapaces de promover el acuerdo en los santanderes.

Mapa 9. http://i0.wp.com/www.procesoselectorales.org/wp-content/uploads/2015/07/German-Varon.png

Mapa 10. http://i0.wp.com/www.procesoselectorales.org/wp-content/uploads/2015/07/Rosmery-Martinez.png

De igual manera, Rosmery Martínez y German Varón marcan con mucha claridad esta desconexión entre el electorado de los senadores de la Unidad Nacional, y el plebiscito por la paz del Gobierno Nacional. En el caso de Varón Cotrino (mapa 9), que obtiene su respaldo electoral principalmente en Quindío, los resultados saltan a la vista. En Armenia, Quimbaya, Salento y Buenavista, principales focos electorales del congresista en 2014, el apoyo electoral al NO fue mayoritario, en un departamento que fue totalmente adverso a los acuerdos de paz con las FARC (60,13% de los votos fueron por el NO). Lo anterior es particularmente interesante, pues Varón Cotrino fue una de las voces que desde Cambio Radical apoyó públicamente los acuerdos, y este senador es a su vez uno de los más cercanos al vicepresidente Vargas Lleras.

En el caso de Rosmery Martínez (mapa 10), la situación es bastante similar, pues su apoyo electoral está concentrado en el norte del Tolima, en los municipios del Espinal, Ibagué, Ambalema y Suarez. En todos esos casos, no se registró un apoyo equivalente al SÍ en las urnas, que en su mayoría rechazaron los acuerdos de La Habana.

¿Fallo la maquinaria? Más preguntas que respuestas        

Aunque a simple vista parece razonable suponer que el Gobierno Nacional no fue capaz de poner a funcionar las maquinarias políticas de la Unidad Nacional, y que los congresistas de estas zonas no hicieron los esfuerzos suficientes para atraer a sus electores hacia el SI, también es posible pensar que la atipicidad y naturaleza extraordinaria de este mecanismo de participación, revela algunas cosas a propósito de la naturaleza misma de la relación entre los políticos y sus electorados.

En este sentido, más allá de la voluntad o no de los congresistas por apoyar los acuerdos con las FARC, casos como los de Cristo, Serpa y Varón Cotrino, quienes fueron defensores públicos del SÍ en el plebiscito, revelan que el vínculo clientelar es más flexible de lo que podría pensarse, y depende en gran medida de lo que los legisladores puedan ofrecer como beneficios reales a sus electores. En este caso, si bien la paz es un estímulo innegable, resulta intangible frente a los beneficios a los que pueden aspirar los electores en una campaña al legislativo, o en una elección presidencial, razón por la cual la ascendencia y credibilidad de estas figuras puede resultar inexistente frente a un proceso como el del plebiscito.

Es fundamental poner de presente que la idea de beneficios reales no hace alusión necesariamente a la compra de voto, sino al lugar que ocupan los congresistas como intermediarios en la posibilidad de los ciudadanos por alcanzar objetivos específicos (desde un puesto burocrático hasta la pavimentación de una calle, pasando por la entrega de materiales de construcción). De esta manera, la capacidad que tienen los legisladores para mantener y conservar un grupo más o menos estable de electores a lo largo del tiempo, no depende tanto de los sucedido en la elección anterior (legislativas de 2014), sino de su capacidad de sintonizarse con las necesidades de dichos votantes para cada cita electoral, y tramitarla a lo largo de su gestión.

De esta manera, en un proceso con las particularidades del plebiscito, donde los beneficios son bastante gaseosos, suponer que los votantes se moverían o elegirían entre una y otra opción, por la simple indicación de los congresistas electos, resultó ser una clara equivocación en el ajedrez político que cultivo el gobierno Santos en torno a la refrendación.