El Pacto Histórico se consolidó como la principal fuerza política del Congreso electo tras los resultados de las elecciones legislativas del pasado 8 de marzo, en las que obtuvo más de cuatro millones de votos. Dado este posicionamiento, resulta pertinente analizar espacialmente la distribución de su votación y lo que esta revela sobre la configuración territorial de la izquierda en Colombia.
En primer lugar, se evidencia que el partido cuenta con una presencia electoral significativa a nivel nacional, superando el 10% de los votos en múltiples regiones. No obstante, sus principales bastiones continúan ubicándose en la periferia geográfica del país, especialmente en departamentos como Cauca, Valle del Cauca, Nariño y Putumayo, así como en buena parte de la región Caribe.
La alta participación en estas zonas puede estar asociada a diversos factores. Por un lado, se trata de bastiones que ya corresponden a bastiones del Pacto Histórico, esto está relacionado con una fuerte presencia étnica que es cercana al proyecto político del Pacto. Por otro lado, en estas regiones hay una marcada incidencia de la violencia armada, lo que otorga especial relevancia a la agenda de paz impulsada por el Pacto, blindando el respaldo electoral al partido.
Al analizar esta dinámica de forma comparada entre 2022 y 2026, es posible plantear la hipótesis de que parte de su crecimiento responde a la captura de votos previamente disputados. Este fenómeno resulta particularmente visible en la región Caribe, donde la pérdida de influencia de estructuras políticas como la del exalcalde Carlos Caicedo habría generado condiciones favorables para la expansión del Pacto en Santa Marta y el Magdalena en particular. Algunos municipios ilustran este comportamiento, como Sabanas de San Ángel (+21,47%), Pedraza (+11,39%), El Retén (+10,88%) y Chivolo (+9,60%).
Por otra parte, Antioquia constituye un caso relevante. Aunque el departamento se mantiene como un bastión histórico del Centro Democrático, se observa un crecimiento del voto del Pacto Histórico que, si bien aún no altera el predominio de la derecha, sí sugiere una incipiente disputa electoral en el territorio.
Finalmente, la disminución de la votación se concentra en un número reducido de municipios (alrededor de 30), ubicados en su mayoría en zonas donde el Pacto ya contaba con altos niveles de apoyo, como el Cauca o la Amazonía. En este contexto, el municipio de Mirití-Paraná registra la mayor variación negativa (-0,76%). Este patrón sugiere que las pérdidas no responden a un retroceso generalizado, sino más bien a ajustes marginales dentro de sus propios bastiones.
En conjunto, los datos demuestran que el Pacto Histórico se encuentra en una etapa de expansión, pues el apoyo al partido creció en zonas donde su presencia era débil o incipiente en 2022. Dicho crecimiento es particularmente notorio en Antioquia y el Caribe, donde, aunque no logra revertir equilibrios tradicionales, sí empieza a participar en espacios que eran ajenos.
La participación electoral alcanzada para la consulta en la que se eligieron los candidatos del Pacto Histórico el 26 de octubre pasado estuvo realmente alta. Se ha retenido la cifra de 2.754.622 votos, pero eso es solo el voto que se emitió en la consulta presidencial. Las cifras son ligeramente distintas para el Senado y para la Cámara, en la medida en que los electores pudieron optar por no poner los tres tarjetones en la urna. Si seleccionamos la votación más alta de las tres consultas simultáneas en cada municipio son al menos 2.784.535 que votaron este domingo por al menos una de las tres, lo que equivale a 6,94% de los electores inscritos. Un récord para una consulta de selección de candidatos en este siglo.
Cuadro 1. Datos de participación a la consulta del Pacto Histórico de 2025
Presidente
Senado
Cámara
Votos válidos
2.365.744
2.338.922
2.276.487
Nulos y No marcados
388.878
398.698
448.004
Total
2.754.622
2.737.620
2.724.491
Se ha comparado esta cifra con los 5.759.074 votos emitidos en la consulta de la izquierda en marzo de 2022, o con los 2.998.986 votos obtenidos por la lista del Pacto Histórico al Senado en ese entonces, cuando no con los 8.446.603 votos de Gustavo Petro en la primera vuelta de la presidencial o con los 11.178.138 de la segunda vuelta. Todas estas comparaciones tienen que tomarse con muchas precauciones ya que estos antecedentes se dieron en elecciones ordinarias o en una consulta organizada simultáneamente con elecciones ordinarias que arrastraron el voto. No es riguroso comparar la participación en elecciones de diferentes tipos. Los antecedentes más convincentes serían las consultas partidistas organizadas por el Partido Liberal y el Polo Democrático Alternativo en 2009 para designar los candidatos a las presidenciales de 2010, o la del Partido Liberal en 2017, para designar al candidato a las presidenciales de 2018. La más exitosa de estas consultas en términos de participación fue la liberal de 2009 que no pasó de 1,3 millones de votos.
Ahora bien, estos antecedentes también son limitados ya que es la primera vez que se organiza una consulta para elegir candidatos presidenciales, y al mismo tiempo, ordenar listas cerradas a las dos cámaras del Congreso. Como lo vemos en el cuadro 1, los tres tarjetones se arrastraron parcialmente el uno a los otros, dejando un número importante de votos no marcados en cada escrutinio, cuya explicación más intuitiva es que corresponden a unos electores que vinieron a votar por un candidato presidencial pero no querían participar al voto para los congresistas, o inversamente. Estas diferencias en la participación y, sobre todo, en el número de votos válidos (sin los nulos y no marcados) entre los tres escrutinios son ricos de enseñanzas.
La participación general
Miremos primero la participación general, es decir, fijándonos en el total de los votantes que pusieron al menos uno de los tres tarjetones en la urna.
Mapa 1. Participación general en la consulta del Pacto Histórico (% de los inscritos)
El mapa de la participación nos muestra el patrón geográfico reconocible del voto de la izquierda, ya visible en el voto a favor de Gustavo Petro en 2018 y 2022 así como en el voto del Pacto Histórico en las legislativas de 2022, a saber, un voto fuerte en las costas Caribe y Pacífico (sobre todo el suroccidente), en el sur del país, y en las grandes ciudades. El porcentaje de participación en la consulta mantiene un alto nivel de correlación, sobre todo con el voto Petro de la segunda vuelta de 2022 (coeficiente de Pearson de 0,75).
Se ha dicho mucho que el voto de las grandes ciudades no había sido tan fuerte en esta consulta y que podría traducir un retroceso del Pacto, siempre sobre la base de las comparaciones con los porcentajes de 2022. Esto es discutible. Las tasas de participación en las grandes urbes más inclinadas hacia la izquierda son realmente notables para una consulta de esta naturaleza: 6,25% en Bogotá, 7,95% en Cali, 7,89% en Barranquilla, 8,08% en Cartagena. En realidad, la impresión de que la participación no fue tan buena en las ciudades viene sobre todo del hecho de que fue realmente impresionante en ciertos municipios pequeños de las dos costas. En 11 municipios, más de 25% de los electores inscritos participaron en la consulta, lo que es realmente excepcional para este tipo de escrutinio.
La costa Caribe sobre todo se destacó por una participación muy alta, mayor a lo que cabría esperar tomando en cuenta la correlación con los resultados presidenciales y legislativos del Pacto en 2022. Al otro extremo, es en el Chocó, el Caquetá, el Putumayo, la Guajira y el Catatumbo que la participación no parece tan alta tomando en cuenta dicha correlación. Las grandes ciudades se mantienen dentro del patrón esperable.
La participación diferenciada
Tratemos ahora de mirar la participación diferenciando la consulta presidencial de la del Senado y de la Cámara. Para esto, tomaremos en cuenta el porcentaje de voto válido a cada una sobre el número de electores inscritos, asumiendo el voto nulo y no marcado como abstención encubierta o voto arrastrado por las otras consultas.
La primera cosa que hay que observar es que la consulta presidencial es la que reunió más votos válidos, como era de esperar dado el ruido mediático que la acompañó. El Senado y la Cámara tuvieron algo menos de participación y, sobre todo, más votos nulos y no marcados. Podríamos concluir que, de manera general, la consulta presidencial es la que jugó el papel de locomotora y que arrastró las otras, sin embargo, al comparar los mapas del voto válido presidencial y al Senado, nos damos cuenta que esta regla general admite excepciones en las regiones de mayor participación, y en primer lugar en la costa Caribe (ver mapas 2 y 3).
Mapa 2. Voto válido a la consulta presidencial (% de inscritos)
Mapa 3. Voto válido a la consulta al Senado (% de los inscritos)
El mapa que muestra la diferencia de porcentaje entre el voto presidencial y el del Senado lo muestra con mayor claridad aun (mapa 4). Sobre este mapa, los municipios en colores calientes son los en que el voto válido a la consulta presidencial fue superior al de la consulta al Senado. Los municipios en colores frío tienen el comportamiento inverso.
Mapa 4. Diferencia entre el voto válido a la consulta presidencial y a la consulta del Senado
Verificamos que, para la mayoría de los municipios, es el voto presidencial que arrastró el del Congreso. Es el caso en Bogotá, Cali, Cartagena (no Barranquilla en la que el voto al Senado supera por poco el voto presidencial). Sin embargo, no es el caso en las dos zonas de mayor participación, a saber, la costa Caribe, sobre todo en los municipios más pequeños del interior de la costa con un comportamiento que se prorroga hasta el Magdalena Medio y parte de Santander, y el Suroccidente (Tumaco por ejemplo muestra una de las mayores diferencias a favor del voto al Senado). En esta última región, cabe anotar dos excepciones: las ciudades como Pasto, Popayán, Ipiales, en las que el voto presidencial sigue siendo superior al legislativo, y el norte del Cauca, probablemente porque la población en mayoría indígena de la región vota por el MAIS más que por el Pacto Histórico en las legislativas.
Finalmente, una última consideración importante para diferenciar este voto presidencial y legislativo de la consulta: el voto presidencial mantiene una correlación mucho más importante con el voto de la izquierda en 2022, tanto con el de Petro (Pearson de 0,8 con la primera vuelta) como con el del Pacto Histórico al Senado en 2022 (0,45). Estas cifras bajan a 0,73 y 0,33 respectivamente para el voto de la consulta al Senado.
Conclusión
¿Qué retener de todo eso? El éxito de la consulta del Pacto Histórico en términos de participación se explica por el hecho de que confluyeron ahí varios votos distintos con lógicas distintas. El voto que se expresó en la consulta presidencial, más importante en las zonas urbanas en particular, es representativo del voto de izquierda que conocimos en 2022. El voto que se expresó para al Congreso (y que simplificamos tomando en cuenta los datos del Senado, pero que habría que matizar mucho con los datos de la Cámara) es mucho más diverso y se disparó a niveles excepcionales en zonas fuertes del Pacto Histórico para ir mucho más allá del voto de la izquierda. Eso puede explicarse por el arrastre de candidatos locales, pero también por un uso bien documento (veáse a título de ejemplo este buen reportaje de la Silla Vacía) del clientelismo y de la compra de votos (que no solemos rastrear tanto en una consulta presidencial).
¿El Pacto podrá contar con estos votos en marzo y en mayo de 2026? Probablemente sí para buena parte del voto que se expresó en la consulta presidencial que es la verdadera base del voto de izquierda, que podrá crecer con la participación general de las elecciones ordinarias a niveles difíciles de anticipar, pero no necesariamente para el voto de la consulta legislativa que responde a otras lógicas y que bien podría disminuir para las elecciones legislativas una vez definido el orden de las listas, y esfumarse en mayo.