Nuestro primer mapa del ciclo electoral de 2026 será el de los electores inscritos para participar en las legislativas de marzo. 41087284 electores están habilitados para votar cuando eran menos de 39 millones hace 4 años para las mismas elecciones. El electorado colombiano sigue creciendo pero de manera desigual en el territorio.
Tasa de crecimiento del electorado entre 2022 y 2026
Nuestro mapa nos muestra a la vez el tamaño del electorado por municipio a través del diámetro de los círculos colorados (hemos vaciado los círculos que representan más de 500.000 electores para que la información de las grandes capitales no esconda la información de los municipios vecinos), y su tasa de crecimiento entre 2022 y 2024 por el color de cada círculo.
La gran mayoría de los municipios colombianos sigue mostrando un electorado que crece salvo 79 de ellos, que corresponden a pueblos pequeños ubicados en la cordillera oriental (muchos en Boyacá), el Eje cafetero, Tolima y el norte del Valle de Cauca. La población de estos pueblos sigue afectada por el éxodo rural hacia Bogotá, Cali, Ibagué y las 3 capitales cafeteras.
Sin embargo, el electorado de estas ciudades ya no crece mucho. En Bogotá (+2,24%) y en Cali (+3,04%) en particular, empezamos a notar que el electorado se desplaza hacia los municipios vecinos. Medellín crece todavía bastante (+6.84%) pero también se nota un crecimiento mayor de municipios vecinos.
De modo que si las grandes urbes de Colombia siguen mostrando un crecimiento demográfico que alimenta un electorado cada vez más importante con respecto al electorado rural, Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla representan ahora 26,77% del electorado del país contra 27,38% hace cuatro años. Son en realidad las zonas periurbanas que ahora crecen más. Se destacan Soacha (+21,93%), Madrid (+20,12%), Mosquera (+17,93%), Cajicá (+17,79%), Sabaneta (+16,8%), Chía (+16,33%), Rionegro +13,55%), Zipaquirá (+13,5%), y Jamundí (+13,27%).
Es importante conservar en mente estos grandes equilibrios y sus evoluciones para analizar los mapas de resultados que empezaremos a presentar la semana próxima.
La simultaneidad de las elecciones legislativas y del voto de las consultas presidenciales en Colombia suscitó muchos comentarios sobre la “presidencialización” de las elecciones al congreso, o a la inversa, sobre la intromisión de las maquinarias de los congresistas en las peleas de las consultas. Estos procesos de hibridación son muy interesantes y ofrecen recursos nuevos a los políticos que conviene analizar cuidadosamente. No obstante, es preciso recordar siempre como punto de partida que la lógica del voto presidencial y la del voto legislativa son muy distintas. No son siempre los mismos electores que votan en ambas elecciones, y aun cuando lo son, no hay que asumir siempre una coherencia entre los dos escenarios, por ejemplo, con base en las etiquetas partidistas.
Proponemos acá un pequeño ejercicio al respecto mapeando para las tres coaliciones la diferencia entre el voto a la consulta (el porcentaje de participación sobre el voto válido) y el voto de la coalición al Senado de la República. Para el Pacto Histórico, hemos hecho la comparación con la suma entre el porcentaje de la lista del Pacto y de Fuerza Ciudadana; para el Equipo Colombia, hemos sumado el voto del Partido Conservador, la U y la coalición MIRA-Colombia Justa Libres que son las tres organizaciones que aparecen oficialmente sobre el tarjetón; finalmente, para el Centro Esperanza, hemos tomado en cuenta el voto de la lista de la coalición y del Nuevo Liberalismo.
Diferencia entre el voto a la consulta y el voto legislativo del Pacto Histórico
La diferencia entre el “voto presidencial” y el “voto legislativo” del Pacto es probablemente la más interesante porque muestra inclinaciones en lados distintos en función de los lugares. En las dos costas hay voto presidencial sin voto legislativo, es decir, hay una proporción importante del electorado que vota por la izquierda en las elecciones presidenciales (y en la consulta) sin que eso se traduzca en voto para los partidos de izquierda en las legislativas. El fenómeno no es nuevo y no se relaciona solo con el hecho de que Gustavo Petro goza de una simpatía en la costa por sus orígenes que no corresponden a un voto de izquierda. Es en realidad algo que ya se podía constatar cuando el candidato de la izquierda era Carlos Gaviria, hace 15 años. Se explica en realidad por la ausencia de líderes locales de izquierda con fuerza electoral. La excepción es el departamento del Magdalena gracias al empuje de Fuerza Ciudadana, partido del Gobernador Caicedo. En otras partes, los costeños (sobre todo del interior) y la gente del Pacífico no ven contradicciones en votar por la izquierda a la presidencial y por los partidos tradicionales en las elecciones legislativas. Ahí, la estrategia de presidencializar la elección solo funcionó de manera limitada en Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.
En cambio, las listas de izquierda al Senado recogieron más votos que la consulta en el centro del país y las grandes ciudades (especialmente Bogotá, Cali y Medellín). De hecho, conviene recordar que la diferencia está subestimada ya que usamos el dato del preconteo que subestima el voto de la lista del Pacto. Esto significa que ahí, Petro tiene márgenes para crecer de aquí a la primera vuelta.
Diferencia entre el voto a la consulta y el voto legislativo del Equipo Colombia
Por su parte, el Equipo Colombia recibió mucho menos votos en la consulta que los partidos que avalaron candidatos de la misma sumados para el Congreso. Ahí, lo interesante son los ausentes y las excepciones. Los ausentes, Centro Democrático y Cambio Radical, que no apoyaron oficialmente a un candidato de la consulta, sí pesaron claramente en la participación a la misma y en los resultados. Federico Gutiérrez debe probablemente en buena parte su victoria a Centro Democrático en Medellín y su región, probablemente en los llanos y en menor medida en Bogotá. Por su parte, los congresistas de Cambio Radical apoyaron a Char en Atlántico y el interior del Magdalena, pero no mucho más en otras partes de la costa Caribe. Del resto, Gutiérrez tiene el desafío de activar mucho voto de derecha en todo el país que no participó en la consulta, pero que responde a muchos congresistas distintos de organizaciones distintas, que siempre tienen dificultad a endosar “sus” votos en otras elecciones.
Diferencia entre el voto a la consulta y el voto legislativo del Centro Esperanza
Finalmente, el Centro Esperanza logró una participación a la consulta superior al voto de las listas únicamente en zonas rurales o de pueblos de Boyacá y el norte de Cundinamarca, gracias a las redes de apoyo de Carlos Amaya. Del resto, Fajardo tendrá que movilizar los votos de sus congresistas aliados en Antioquia, Caldas y Santander en particular. Llama la atención el caso de Bogotá donde el fuerte voto por la coalición Centro Esperanza y el Nuevo Liberalismo al Congreso tendría que habar desembocado sobre una mayor participación en la consulta. El candidato del centro deberá empezar por volver a entusiasmar este fortín que lo había apoyado en 2018.
Si el clivaje centro/periferia ha sido la gran clave de lectura de casi todas las elecciones desde 2014 en Colombia, sus efectos tienden a matizarse en las elecciones 2022.
En primer lugar, porque el partido más fuerte del centro geográfico, Centro Democrático registró un serio revés, no solo entre la opinión urbana sino entre las bases rurales del movimiento que habían sido una parte fundamental de su solidez. La Alianza Verde (hoy Centro Esperanza-Alianza Verde), que al contrario, progresa un poco con respecto a 2018 y logra una mejor implantación fuera de las ciudades en Boyacá, Santander, Antioquia y Caldas sigue siendo un partido del centro geográfico pero no de todo el centro, y se ve desplazada del “sur del centro” por Pacto Histórico (en el Meta, Cundinamarca, Tolima, Huila, Quindío y Risaralda.
Lista ganadora por municipio al Senado
En segundo lugar porque los tradicionales, partidos de la periferia geográfica, logran recobrar fuerza en las zonas rurales del centro, particularmente en Cundinamarca y Tolima para el partido conservador y Antioquia y Santander tanto para el liberalismo como para los azules. Este repunte se logra en general en detrimento de Centro Democrático.
Finalmente, si la irrupción de Pacto Histórico como coalición más votada al Senado se hace fundamentalmente con el apoyo de las grandes capitales (Bogotá y Cali en particular), y de la periferia geográfica (el sur occidente específicamente), no logra resultados tan destacados en el Caribe (donde Petro tuvo buen apoyo en la consulta). En cambio, le va relativamente bien en algunas zonas rurales del centro geográfico como en Cundinamarca, Meta, y el Eje cafetero, lo que resulta más sorprendente.
Lista ganadora con número de votos válidos en el municipio al Senado
Si el clivaje centro/periferia parece perder algo de su pertinencia, el clivaje urbano/rural fue probablemente una clave importante. La Fuerza del Pacto Histórico en la opinión pública urbana fue clave para su victoria, mientras los tradicionales pudieron resistir asentados en el voto rural. De hecho, este arraigo rural de azules y rojo es lo que les diferencia de sus avatares de la U y Cambio Radical que fueron grandes perdedores de estas elecciones. Sin posibilidad de llegar al voto urbano y sin raíces rurales en todo el territorio, estos dos movimientos están reducidos al papel de fuerzas regionales, en Valle, César, Córdoba y La Guajira para la U, y en Atlántico, Magdalena, Huila, Cauca y Norte de Santander para Cambio Radical.
Desde 1991, en Colombia, la participación ciudadana en elecciones legislativas no ha superado el 50%. Significa que la decisión sobre la representación es tomada por un poco menos de la mitad de los ciudadanos habilitados para votar. A pesar de los incentivos existentes para votar, son pocos los ciudadanos que lo hacen. La causa y consecuencia principal de la baja participación de los ciudadanos remite a la baja legitimidad de las instituciones, asunto al que, en el caso colombiano, se deben sumar los episodios de violencia y las dificultades que el proceso electoral supone en algunas regiones del país.
Los indicadores de participación también dan muchas pistas sobre la forma en que se desarrollan las elecciones, y las dinámicas políticas particulares que tiene cada región del país. Este análisis se centrará en este indicador, utilizando como base los datos del preconteo de los comicios para el senado del año 2022, subrayando que se trata de datos preliminares y que el nivel de participación registrada es susceptible de aumentar levemente en el escrutinio final.
El pasado 13 de marzo, los colombianos acudieron nuevamente a las urnas, esta vez con un doble propósito: determinar la configuración del nuevo Congreso y elegir a tres de los candidatos que competirán por la presidencia. A pesar de que las campañas al congreso se vieron eclipsadas por la votación para las consultas presidenciales, los comicios legislativos tuvieron un mayor porcentaje de participación que estas últimas. Para el caso concreto de las votaciones para el Senado de la República, la participación ciudadana se ubicó en el 45,7% con 18’034.781 votos. En comparación con las últimas elecciones de la misma naturaleza en el 2018, la participación se redujo en un 3,8 puntos.
A nivel geográfico, la distribución de la participación electoral muestra que la Costa Caribe y las zonas andinas del país son las que más se destacan en este rubro. En cambio, regiones de Antioquia, Caquetá, Putumayo, Cauca, la zona pacífica del Valle del Cauca y el sur del Chocó estuvieron abajo del promedio nacional. Las causas de dicho resultado pueden atribuirse a ser zonas poco pobladas, donde es posible que los lugares de votación se encuentren distantes y que los ciudadanos tengan mayores dificultades técnicas para llegar allí. También, es posible que, al tratarse de zonas periféricas del país, la conexión con las instituciones del gobierno central sea mucho más difusa y, en consecuencia, despierte menor interés en participar al asumir que se presentan unos altos costos de transacción que reportan pocos beneficios. Finalmente, tienen en común estas zonas del sur y frente pacífico del país ser altamente afectadas por el conflicto y por la presencia de grupos violentos que limitan y condicionan la participación política de los ciudadanos.
En el otro extremo, la alta participación se concentra en la Costa Caribe: Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico y Magdalena tienen en todos sus municipios participación superior al 40%. Si bien la condición socioeconómica y de infraestructura en estas regiones es superior a la del sur del país, la explicación del fenómeno no remite exclusivamente a este factor. En cambio, las explicaciones más certeras para los altos niveles de participación en esta región del país deben estar dadas desde las perspectivas de las dinámicas políticas particulares de estos departamentos. Es bien sabido que la región es fortín de varios poderes regionales fuertes en cabeza de algunas familias que se disputan a través de partidos como el Conservador, Cambio Radical y el Partido de la U la posibilidad de alcanzar posiciones de poder y partidas presupuestales en las instituciones centrales. Además de las dinámicas clientelistas y gamonalistas muy presentes en la Costa Caribe del país (aunque no exclusivamente ahí), hay que evocar el importante papel de intermedicación que tienen los congresistas entre el gobierno central y los intereses regionales. Para las otras regiones del país con altos porcentajes de participación, se evidencia que en su mayoría, la participación se concentra en los centros urbanos de los departamentos, especialmente de aquellos en la región andina. Allí, se vislumbra que existen grandes diferencias entre las regiones urbanas y rurales del país en el ámbito electoral. Así, las capitales del centro del país y algunas del occidente y sur del país como Cali y Pasto se destacan por sus altos niveles de participación. Para estos lugares la explicación es de tipo sociodemográfico por tratarse de lugares donde la población accede a mejores condiciones de vida y mayores niveles educativos, cuyo resultado es un mayor interés en los asuntos políticos y un electorado más informado, crítico y cuya participación es usualmente catalogada como de “opinión”. En consecuencia, dentro de estos territorios logran predominancia partidos como el Pacto Histórico, la Alianza Verde, Centro Democrático y el Partido Liberal.
Igualmente interesante será observar cómo cambió la distribución geográfica de la abstención entre el año 2018 y el 2022. La ilustración 2 da cuenta del cambio en este indicador entre las elecciones legislativas de 2018 y las de 2022. La tendencia general para el oriente, sur y el Pacífico (con excepción de Nariño) es que se produjo una disminución de la participación con respecto a las elecciones de 2018. La hipótesis que se plantea respecto a esta observación es que estas zonas, históricamente afectadas por el conflicto, tuvieron un mayor porcentaje de participación en las elecciones pasadas por la relevancia que éstas tenían para la implementación de los acuerdos de paz y, por tanto, las decisiones tomadas en el congreso tendrían mayor impacto sobre sus territorios. Hoy, 4 años después, han retornado grupos armados a tomar el control sobre algunas zonas (lo que obstaculiza la participación) y la implementación de los acuerdos de paz ha dejado de ser un tema movilizador. Nuevamente, la Costa Caribe se destaca no solo por sus altos niveles de participación sino por ser la zona en la que más diferencia hay entre los dos períodos. Tal cambio fue fundamental para los resultados de los partidos Conservador, de la U y Cambio Radical que deben muchos de los resultados obtenidos a los poderes regionales fuertes que allí se mantienen.
Finalmente, resulta interesante observar a partir del mapa 2 y el gráfico inmediatamente anterior que los grandes centros urbanos del país redujeron sus porcentajes de participación en relación con los datos del 2018. Es un resultado particular, teniendo en cuenta que los partidos que lograron altas votaciones y corresponden a un sector alternativo o de izquierda concentran su electorado en las zonas urbanas. Una posible explicación puede aducirse a que las elecciones legislativas responden en gran medida a la expresión de poderes regionales que no tienen mucha cabida dentro de las grandes ciudades.
La social democracia como “nueva bancada”: ¿Tiene con qué?
Las tensiones con el gobierno Duque, el interés de proteger los Acuerdos de paz de La Habana y el rechazo al referendo propuesto por el uribismo (para derogar la JEP y crear una sola Corte), han dado origen a una nueva bancada “suprapartidista” en el Congreso: los “liberales socialdemócratas”. Estaría integrada por miembros del Partido de la U, Cambio Radical y el Partido Liberal, distanciados de la dirigencia en sus respectivas colectividades, a quienes acusan de perder la identidad, sobre todo en términos de coherencia ideológica. Entre los senadores que participarían en este nuevo proyecto político se destacan Roy Barreras, Luis Fernando Velasco, Temístocles Ortega y Rodrigo Lara entre otros. El primero en particular se ha ubicado como un líder de la propuesta al anunciar su retiro del partido de la U, junto con su aspiración presidencial y un referendo para revocar el presidente.
Si bien algunos son críticos con la movida de Barreras por considerar que sirve sobre todo de base de lanzamiento para su candidatura presidencial (suposición ahora más fundamentada con el aval que le entregó el partido ADA), cabe considerar cuál sería el alcance de un nuevo movimiento, impulsado por estas figuras políticas. Ahora bien, aunque la capacidad electoral de este movimiento se definiría hasta las próximas elecciones del 2022, basándose en los resultados electorales de 2018 obtenidos por varios congresistas que estarían en la bancada “LSD”, se puede estimar si pasarían el umbral para obtener curules.
En las elecciones del 2018 los senadores que “suenan” como parte de la bancada socialdemócrata, alcanzaron los siguientes resultados: Roy Barreras, 112.695 votos; Armando Benedetti, 78.887; Rodrigo Lara, 89.350; Temístocles Ortega, 64.803 votos; Horacio José Serpa, 93.699; Luis Fernando Velasco, 75.273; y Guillermo García Realpe, 66.011. Lo anterior resulta en un total de 580.718 votos, lo cual supera el umbral, que para los comicios del Senado en 2018 fue de 456.357. Si además utilizamos la cifra repartidora definida en la pasada elección (131.683,94) para este ejercicio de aproximación, al movimiento surgido de esta bancada le corresponderían 4 curules en Senado. Estas cuentas no tendrían en consideración a varios posibles nuevos integrantes del movimiento, los cuales podrían contribuir al aumento de su caudal electoral. No obstante, es preciso recordar que los congresistas llamados a integrar un nuevo movimiento y aspirar a cargos de elección popular deberán retirarse un año antes, con el fin de no incurrir en una doble militancia.
Analizando la distribución de las votaciones de las pasadas elecciones, se identifican algunos votos concentrados al sur oriente, correspondientes sobre todo a los patrones electorales de los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti, en zonas que podrían estar influenciadas por temáticas de las que ambos se han ocupado: preocupaciones sobre los acuerdos de paz, presencia de minorías étnicas y el desarrollo de las regiones. Así mismo, en el sur occidente del país, se destaca el liderazgo de Luis Fernando Velasco, Temístocles Ortega y Guillermo García Realpe, quienes han ocupado cargos de elección popular tanto en el Cauca como en Nariño. Otras regiones como Santander y Huila también se destacan por el aporte de votantes para personajes como Horacio José Serpa, en el primer caso, y Rodrigo Lara en el segundo, en gran medida por el legado político de sus padres. Esta repartición territorial no se ve muy favorable en la medida en que varias figuras de la bancada aparecen más como competidores que como complementarios en el ámbito electoral, sobre todo en el suroccidente del país.
Estos lugares serían vitales para el movimiento si es que planean participar en las próximas elecciones legislativas, pero aún les queda mucho terreno por ganar. Tienen todavía escasa presencia en las grandes ciudades, les falta llegar a las costas y al centro del país, a pesar de que este último ha mostrado generalmente un comportamiento más conservador. Resta todavía una importante partida hasta el 2022, en la que habría que ver cómo juegan las fuerzas políticas más cercanas al centro, lo que queda del “santismo” y otras personalidades disidentes de los partidos tradicionales, que cada vez parecen apostarle más a consolidarse como una alternativa de oposición frente al “uribismo”.
El ejercicio no deja de ser especulativo. Nada dice que los actuales senadores obtendrían los mismos resultados en 2022, y la apuesta de ellos es que este nuevo posicionamiento, ideológicamente más llamativo, les traería más votos, en particular en el ámbito urbano. Sería algo necesario ya que el caudal de 2018 no les alcanzaría para renovar todas las actuales curules. Esto nos recuerda que la creación de un nuevo partido no es asunto fácil, no solo por el obstáculo legal que implica el tema de la doble militancia sino porque nuestro sistema electoral está pensado para favorecer partidos grandes (con el umbral y el sistema d’Hondt), un punto que los políticos tienen que guardar en mente en época en que suenan proyectos nuevos de escisiones, disidencias y nuevos partidos.